| Para
después de la luna de miel Hay que aprender a turnarse en el mal humor. Nunca se disgusten los dos a la vez. Si los dos pierden el control, entonces sí están al borde de la tragedia. El piloto y el copiloto no pueden salir al mismo tiempo de la cabina de control. Alguien tiene que llevar el mando. No se griten nunca. La única excepción es si la casa se está quemando. Todo ruido desagradable es nocivo al el hogar. Pero si el ruido se hace con la lengua y en ese momento ésta es de fuego, eso es una bomba atómica. Y la única bomba que puede existir en una casa es la de los niños para inflar la llanta de su bicicleta. Complázcanse mutuamente, siempre que no haya una razón de mucho peso. Si se niega a sus deseos, que siempre exista esa razón. Pero esto tienen que hacerlo de mutuo acuerdo y tanto uno como el otro. Así ninguno de los dos será el consentido y ninguno de los dos se convertirá en protector. Cuando hay una oportunidad de lucirse, por ejemplo en la conversación, procuren que el lucido sea el otro. Es un pequeño detalle que la mayor parte de las veces no cuesta nada pero que interiormente se agradece mucho. Cuando esto se ha convertido en costumbre, crea un ambiente de agrado continuo, ya que nada agradecemos tanto como el que se reconozcan nuestros valores. Dejen atrás, sin miedo y sin reservas, su vieja vida de solteros. No van a perder su individualidad ni su valor personal, sino que van a crecer constantemente en el amor, si realizan todas las actividades posibles como pareja. En el matrimonio, uno más uno es más que dos. Sus pasatiempos, sus amigos y familias y aun su religión, no deben de ser causas de separación, sino oportunidades para unirse más que nunca. El hogar con fe y feliz es un hogar abierto. Ustedes necesitan, por supuesto, su privacidad pero no deben de encerrarse en sí mismos. Especialmente los necesitados y los pobres deben sentirse bienvenidos, cómodos y respaldados en la casa de ustedes. A aquéllos que comparten con alegría lo que tienen, nunca les falta lo necesario. Nunca renueven el pasado ni la conducta errada, ni la discusión ni la falta que ya pasó y que ahora no existe. Para ustedes dos, sólo existe el momento y futuro inmediato, nada más. No existe el pasado ni el futuro lejano. Remover el pasado, sobre todo, es crear difíciles situaciones sin necesidad. Que nunca termine un día sin un regalo. Este regalo puede ser, bien un cumplido, una ternura, una alabanza por algo que se hizo bien, una promesa, en fin, tantas cosas... pero siempre, al retirarse a la alcoba, que haya una sonrisa en la cara de ambos. Mas no esperes nunca el regalo. Dalo tú primero. No hagan un hábito del beso, sobre todo del beso matinal y del que se espera al llegar a la casa. Que siempre haya calor en el beso, aunque ya no haya llamaradas. Este calor seco, caliente y limpio, es el mejor signo de eternidad en el amor. Sería imposible pedir que no haya discusiones, pero no se pierdan el placer de la reconciliación. Nunca vayan a acostarse teniendo una discusión pendiente. No tengan miedo a las discusiones, siempre que éstas, pasada una media hora, terminen en un beso. De ésta forma su hogar tendrá vida. El hogar donde no se debate y donde no se piden excusas es un muerto sin enterrar. Pero no se olviden que, en toda discusión, el que menos razón tiene, es el que más habla. Anónimo |
Recopilación del libro Un Nuevo Regalo Excepcional