Nuevamente Noé

Y de nuevo, casi ya a comienzos del 2001, el Señor le habló a Noé y le dijo:

“Dentro de seis meses haré llover cuarenta días y cuarenta noches, hasta que toda Argentina sea cubierta de agua y toda la gente mala sea destruida. Pero quiero salvar a los buenos y a dos criaturas de cada clase viviente en Argentina. Te ordeno construir un arca”.

Y entre rayos y centellas le dio las instrucciones de lo que debía hacer, mientras, tembloroso, Noé González, un ciudadano argentino, sólo atinaba a decir:

“OK, Señor, OK”.

“Seis meses y comenzará a llover. Más te vale tener el arca lista a tiempo o aprende a nadar por el resto de tu vida”.

Pasados los seis meses el cielo se nubló y el diluvio comenzó de golpe. El Señor se asomó entre los negros nubarrones y pudo ver a Noé llorando en el patio de su casa y no vio ningún arca.

“¿Dónde está el arca, Noé?”

“Perdóname, Señor. Hice lo que pude, pero encontré grandes problemas:

 Primero, tenía que buscar un permiso de construcción y pagar unos impuestos altísimos para poder sacar los planos, sin contar el timbrado bancario. 

Después de eso me exigían que el arca tuviera un sistema de seguridad contra incendios, lo que pude arreglar sobornando a un funcionario. 

Entretanto, los vecinos se quejaron a la municipalidad de que yo estaba construyendo el arca en una zona residencial, y por eso perdí varios meses en visitas inútiles a la Municipalidad pues el intendente quería una contribución a su campaña de reelección.

 Mas el principal problema fue conseguir suficiente madera para fabricar el arca, pues en el Instituto Forestal Argentino no quisieron entender que se trataba de una emergencia, y cuando dije que eran órdenes tuyas para salvar a los buenos del país y a los animales que son únicos en Argentina me preguntaron si estaba loco o qué, que sólo había madera disponible para lo que decidiera el Presidente. 

Desesperado importé dos contenedores de madera, pero al llegar al puerto los inspectores de aduana me decomisaron la madera alegando que las planillas de declaración las había llenado mal. 

Entonces aparecieron los sindicatos que, apoyados por el Ministerio de Trabajo, me exigían dar empleo a sus carpinteros afiliados. 

Mientras tanto, comencé a buscar los animales de cada clase y tropecé con el Ministerio de Agricultura y Ganadería que me obligó a llenar muchísimos formularios y pagar otros tantos impuestos. 

Obras Públicas, por su parte, pidió un plano de la zona que iba a ser inundada y le envié un mapa del país. Casi me matan. 

Por último, la Policía Federal, la Policía de la Provincia y el mismo Ejército me hicieron un allanamiento en busca de drogas y me desbarataron lo poco que ya había logrado avanzar en la construcción del arca”.

Noé acabó su relato y el Señor nada respondió. 

Al cabo de unos minutos el cielo empezó a despejarse. Salió el Sol y un arco iris iluminó el firmamento.

“¿Quiere eso decir, Señor, que ya no vas a destruir Argentina?”

“No” -respondió una voz entre las nubes-. 

“Ya los políticos se están encargando de eso...”

¿FIN?

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